martes, mayo 25, 2010

El Trauma Traumado

Recuerdo...

Ayer divagaba por recuerdos ya que en mi trabajo se veía la misma actividad que en un cementerio, a excepción del partido de fútbol de México vs No-sé-quién y en el cual nos derrotaron 3-1, y la visita inesperada e inoportuna de un ... tipo, recordé cierto episodio de mi vida, de cómo a veces pienso que el tonto que intentó adivinar mi futuro no estaba tan equivocado como yo creía o simplemente es mi naturaleza el meterme en problemas, y no contenta con eso, ya que estoy dentro, me gusta empeorar la situación, pero bueno tienen que considerar que el siguiente no tuve totalmente la culpa... digo yo.

Imáginen a un tipo con el cerebro de Gregory House pero en lugar de título de medico pongánle el de ingeniero en computación, igual personalidad, de esos que se creen los mejores en lo que hacen y lo peor es que muy probablemente si lo son. ¡Como detesto esos seres!

Bueno, pues conocí a un profesor así y le llamaré G.

Yo era joven e inocente cuando lo conocí, primera clase, a las 7 am, cuarto piso y sin elevador. Debí haber adivinado que eso no era bueno, las primeras clases llegaba primero yo y después mis pulmones (los muy flojos no estaban acostumbrados a correr), pero bueno, con el tiempo las escaleras y yo fuimos grandes amigas, incluso hasta dejaban que me arrastrara en ellas si ya no tenía fuerzas para subir.

Ese maldito... sí, mejor en lugar de G le voy a llamar Maldito o Imbécil, no, muy largo..., bueno no importa, el punto es que él tenía la costumbre de que al empezar el curso agarraba a un alumno (masculino) como su puerquito, torturándolo cada clase haciéndole preguntas, la víctima por lo regular terminaba abandonando la clase a más tardar en un mes o menos, todo dependía de la resistencia, y es que muchos creían que con contestar "no sé" (me incluyo), el Infeliz lo iba a dejar en paz, pero NOOO, el muy maldito no te dejaba en paz hasta hacerte pensar en una repuesta.

Más o menos como dos semanas después de comenzar el semestre el House no había escogido a su víctima y todos felices, bueno, más bien dormidos... ok, admito que sus clases no eran nada aburridas, el Idiota tenía madera para ser profesor, nunca te dormía y para mí eso fue una cosa más qué odiarle al Maldito.

Una mañana de febrero, con frío estaba atenta a su clase cuando me preguntó directamente algo que yo ni tenía idea de a qué se refería y con lo que me encanta llamar la atención todos voltearon a verme, no les importó que me sentara en el rincón y que se les torciera el cuello, todos se las arreglaron para ver como me ponía de un tono rojo que un jitomate envidiaría.

Presionó algo pero lo peor aún no pasaba. Tiffa quería ayudarme (o eso quiero pensar) y respondió por mí, el Infeliz se dio la vuelta y a mi se me ocurrió darle una palmada en la espalda a Tiffa como agradecimiento, ése fue el beso de Judas, (aunque hubiera preferido la crusifixión de buen agrado si hubiera sabido lo que me esperaba). El Imbécil se dio cuenta y me leyó la sentencia de muerte... o tortura mejor dicho.

Habíamos sólo como cinco chicas en la clase, así que dijo que ya había escogido a su víctima, y esa era YO. La sentencia estaba dictada y no había forma de escape... bueno en realidad sí, simplemente podía darme de baja pero no, me gusta complicarme la vida además de que dejó bien sentado que me creía una ignorante y no esta dispuesta a permitirlo y sin contar que se me figuraba demasiado a mi demonio, no quería darle la satisfacción de correrme.

Las siguientes clases fueron una maldita tortura, pues aunque trataba de prepararme para su clase, siempre me salía con preguntas sobre cosas que no había estudiado (¿Porqué todos tienen el maldito complejo de lector de mentes?) y en cada clase terminaba colorada y sin respuesta. En menos de una semana todo mundo me conocía. GENIAL. Y el idiota presionando para que abandonara la clase.

Harta del trato me esforcé en verdad en esa clase, hasta que llegó el día en que en lugar de permitirle preguntarme, yo alzaba la mano por voluntad, y terminé contestando todas las preguntas, incluso las que no iban dirigidas a mí. Lo llevé a tal extremo en que un día me dijo: No, tú ya no, ya no es divertido si no te torturo, dale la oportunidad a otros de ser torturados.

Éso no fue de mi agrado, pues ahora iba la revancha, lo odiaba y le iba a hacer pagar por el trauma que significó para mí ésa clase, el hecho de que ya no podía pasar desapercibida ante todos.

En ésa clase siempre se me veía con apuntes, estudiando antes de que él entrara, hasta que el GENIO se le ocurrió sugerir que me convendría más una Palm, en lugar de mis "hojitas", a lo que contesté: "Claro, nunca se me había ocurrido, sólo esperaba que usted me lo sugiriera, mañana mismo la compro"

Ahí fue cuando empeoré mi situación, al Idiota no le gustó que le contestara así a su pregunta y ahí lo ven volviendo a preguntarme aunque ya no tuvo el efecto deseado por él, fue entonces cuando yo había tomado el control del estúpido juego.

Un día me alcanzó al final de la clase, ya me había percatado de que en clase trataba de ignorarme, según él para darle la oportunidad a otros, bueno, no importa, yo siempre salía de muy mal humor de ésa clase ý precisamente ése día llevaba mis bolígrafos en la mano y se le ocurrió preguntarme si en verdad lo detestaba.

-Yo no lo diría de ése modo, más bien diría que me gustaría ver mis bolígrafos clavados en su espalda (acompañado de un ademán amenazador... tipo Chucky)

OBJETIVO: generarle un trauma (del doble de la proporción al mio) al grado de no darme la espalda.

RESULTADO: objetivo conseguido.

Nunca en su vida me volvió a dar la espalda y se mantenía a dos metros alejado de mí, cosa que constato días después, volviendo a alcanzarme después de clase y usando a Tiffa como escudo, pero creo que también le generé sentimientos encontrados, pues termino diciendo que yo era una clase de Heroína (no droga, si no de las que tienen super-poderes... eso quiero creer yo), que siempre que hacía una pregunta para torturarnos yo actuaba como escudo absorviendo su ataque y regresándoselo.

La verdad y ya que estoy en confesiones, es que la sola mención de su nombre me altera, y suelo tomar mis bolígrafos como acto reflejo, pero el consuelo es haberle dado una lección para conmigo: Nunca presiones, no es bueno presionarme a menos que se estés apto para las consecuencias.

PD: Para que se den una idea de Ann, ella es como la linda criatura que sostiene los lentes en la imagen.

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