viernes, diciembre 10, 2010

Día Borrascoso


Soy torpe por naturaleza, hábil por conviccion...

Partiendo de ése principio el día de ayer se desarrolló de la siguiente manera:

Salí de casa de tía March tarde, como siempre y me dirigí al centro de labores. Las dos terceras partes del recorrido lo hice sin percances. Cuando me encontré ante el dilema de si usar la diligencia o terminar mi recorrido a pie mi primer instinto a las 8:25 de la maña era tomar el carruaje que me deja justo en la entrada, pero ya ves que en estos tiempos de invierno el dinero escasea y quiero ahorrarlo para comprar leña, además de que me agrada caminar en el frío con las manos congeladas aun con guantes, las mejillas coloradas y los cabellos alborotados, porque hacía un aire que dejaba congelado todo a su paso.

Caminaba feliz recorriendo los caminos del viejo Londres cuando desaparecí. De seguro preguntarán: ¿Cómo que desapareciste, Jo? Sencillo, en una esquina resbalé por la capa de hielo sobre el piso, seguramente formada durante la primer nevada de invierno, así fue que pese a mi agilidad forzada terminé con una rodilla y una mano sobre el piso riéndome de mí misma. Afortunadamente en Kent era demasiado temprano para que mucha gente se percatara. Salvé la tostada con mantequilla que Hanna siempre nos prepara a Meg y a mí, lo cual fue una suerte por la costumbre de no pasar a desayunar.

Ya instalada y en medio de mis labores matutinas el frío y mi adicción me hizo prepararme un delicioso café, de esos de los que soy experta y alabaron tanto en el día de campo con Teddy y Brooke pero el telégrafo sonó y tuve que dejar la taza con demasiada fuerza por lo que chorreó su contenido sobre mis apuntes de los pequeños cuentos que estoy haciendo y ahora me veo en la necesidad de pasar a limpio.

Casi dos horas después y debido a fallas con mi equipo de trabajo me vi acompañada de seudoexpertos, pero la impresora necesitaba papel y por mi prisa tropecé con los cables del telégrafo el cual fue a dar al piso desparramándose todas sus piezas y yo logré salvarme por sujetarme de la mesa cercana.

Meg me llamó y me platicó sobre su decisión de no presentarse a laborar en casa de los King, debido a que la harán trabajar el fin de semana; eso o la van a convidar para la cena en aquella casa. Le pediré a Laurie que pase a verla para que tenga alguien con quién bailar los valses que toquen aquella noche y de paso me cuente la velada.

Ojala Meg no se deje seducir por las vanidades como la última vez que fue a un baile fuera de casa.


De salida pasé a comprar unos víveres y en aquel lugar al tomar un par de conservas se vinieron abajo los cereales. El caso es que regresé a casa de tía March prácticamente ilesa, sin contar claro, el golpe en la rodilla.


Y es así como es que hay días en que una no debió de haberse levantado de la cama.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen puesto. Me tropecé con su blog y quería decir que he disfrutado mucho navegando por tu blog. En cualquier caso, voy a ser la suscripción a tu feed, y espero que escribir de nuevo pronto!

Guerrero dijo...

jaja y justo ayer de la nada salian perros de a montón en todo mi camino y como su cuasi fobia no se ha ido justo eso me pregunté todo el camino... por qué la gente se levanta en días como estos?

saludos

Michell Cerón dijo...

Hace días que deseo ir de día de campo, es lamentable que el clima no colabore... has ido a una fiestade té? te invitare a una, si no te gustan los emparedados de pepino podremos sustituirlos con sauerkraut.

Disfruta de una encantadora semana

Mar dijo...

Gracias Anónimo y espero leerte pronto.

Yo me pregunté exactamente lo mismo, Guerrero, y aún no tengo una buena respuesta.

Vaya, ¡emparedados de pepino! y creo que el clima es propicio para un día de campo, Zadig, para mi instinto de pingüino está perfecto.

Anónimo dijo...

¡Ah! al fin encontré lo que buscaba. A veces se necesita mucho esfuerzo para encontrar la pieza útil incluso pequeñas de información.