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jueves, noviembre 07, 2013

Libreta Nueva

Tengo una libreta nueva, me la dieron en... en un lugar donde tuvimos que pelearnos por cómodos sillones, la reclamaba un chico fresa, de esos que no sólo salen en películas de adolescentes con el argumento de "Somos más, yo estaba ahí sentado y me fui porque creí que la huella de mi trasero era suficiente para apartarlo" o algo por el estilo, no se me da muy bien eso de guardarme argumentos estúpidos como momentos a recordar.

Voy de nuevo:

Tengo una libreta nueva, con ella ya sumo 5 libretas en mi mochila, cada una adorada en su momento y después quedan como recordatorio de que tengo como cinco notas en cada una de ellas y solo eso.

Tengo que admitir que lo que me agrada de esta nueva libreta es su tamaño perfecto para grandes anotaciones o chicas y lo mejor, sus adoradas y sencillas hojas amarillas ralladas, como si viniera de un pasado en el que quedó olvidada. En ella lo único que he anotado es "Tengo una libreta retro" así, sencillo, con letra descuidada porque la libreta así lo exige, va bien con ella. Me gusta pensar que es una libreta para escritor, de esas que entre sus hojas guarda oro puro y deforme; me gusta creer que cuando muera y encuentren esta libreta la hallarán llena de pequeñas notas que sean apreciadas como si hubiesen encontrado el Santo Grial.

Soy bien rara, eso lo sé y es por eso que trato de dejar todo lo que pasa por mi cabeza por escrito, una pequeña huella real de lo que realmente fui, que si lo vieran desde mis ojos notarían que no soy más que una chica fantasiosa y nada más, que en el fondo creo en la navidad y el los sacrificios humanos aztecas, que odio mucho pero divertida a pesar de todo, que me gustan los finales felices porque me da esperanza de tener mi propio final feliz, que al lanzarme de un edificio tenía el único objetivo de volar y no mi muerte. Ok, eso tal vez no es un argumento de que no soy rara.

Tengo una libreta nueva y no sé qué anotar en ella. Una sola frase esperando a que Tom Riddle aparezca a darme un poco de respuestas, que me conteste y esta vez que no deje las páginas en blanco. Espero solo anotar lo adecuado, lo exacto, no dejo de pensar que así será pero aún no considero nada lo suficientemente bueno.

Tengo una libreta nueva y temo que quede así por mucho tiempo.

martes, agosto 16, 2011

Polluelo

Nunca has tenido aquella sensación de que te hace falta espacio, un rincón donde poder quitarte una de tantas máscaras que tienes.

Es como si tuvieras varios pulmones, como las vacas estómagos. ¡Vaya, 4 estómagos!, ¿Puedes creerlo?, Yo no pediría nada más en la vida que cuatro estómagos... bueno, también pediría comida suficiente, porque si sentir hambre con un solo estómago es desquiciante, ahora imagina sentir eso cuatro veces, como pequeños polluelos pidiendo comida a su madre; y ¿si su madre solo tiene una pequeña lombriz? Oh pequeños polluelos, yo les daría mi pedazo de lombriz felizmente, básicamente porque no me gustan las lombrices, digo, tengo límites aunque muera de hambre. Ahora, si en lugar de lombriz fuera una hamburguesa, entonces sí, ¡pudranse polluelos! pues porque tengo cuatro estómagos que alimentar... en caso de que los tuviera, claro.

Dejando a un lado los dilemas alimenticios, en enfocándome en lo que tengo que decir, bueno, he tenido una urgencia de buscarme un rincón donde quitarme una de las máscaras. ¿Cuál de todas? -te preguntarás-. Una de tantas -te responderé-, pero como no tengo tiempo ni las ganas para juegos de palabras, pues te lo digo así, directo: Cortos.

He visto cortos, he visto exposiciones de fotografías, he visto mi reflejo en el espejo y vidrios, donde pese a mi natural complejidad he notado que hace falta entre el exterior, mis manos y mis ojos un objeto, una cámara.

Mi percepción.

Siempre he preferido lo escrito a lo gráfico, principalmente porque siendo escritor le dices al cerebro del lector lo que quieres que vea, cómo lo vea y en qué momento lo haga. El hecho de que te lean y dejar que entren en tu cabeza permite también entrar a la cabeza del lector, a su mente, donde si bien cada lector puede imaginar cada frase a su manera, y ninguna de éstas se repetirá en otra cabeza, también es  cierto que el escritor le da un bosquejo por el cual guiarse, en otras palabras, el escritor se ve en cada versión de cada lector. Y hasta aquí con mi plan malévolo de conquistar al mundo.

Lo segundo que prefiero es es pintar, porque se tiene un alto nivel de control con lo que se crea, aunque este "control" tiene que ver mucho con la habilidad para poder plasmar exactamente lo que se tiene en mente. El atractivo para mí, es precisamente el control.

Lo que no he intentado es la fotografía, principalmente porque se rige por la ley "la realidad es lo que tienes y a ver qué puedes hacer con eso", ¿cuál es el atractivo? Bueno, una noche mientras regresaba a casa y lloviznaba me percaté de que la ciudad no se veía tan mal, con esas diminutas gotas reflejando la luz de los faroles, al fondo oscuridad y soledad, la soledad en calles vacías perturbadas solo por mi presencia y el tintineo de las gotas en el pavimento, árboles reflejando sombras tétricas pero pacificas, de pronto me pareció interesante mostrar a los demás cómo veo mi mundo, lo cual también es un gran reto. Soy complicada y no prometo el que pueda lograr capturar en una imagen a los demonios que me rodean.

Entonces he decidido entrar a lo gráfico en general, sin dejar mis letras, claro, lo que da origen a mi nuevo retoño. Es pequeño, y calvo, así que solo míralo madurar como lo han hecho mis blogs.

Asperger. Como su madre.

Y eso es todo lo que tengo que decir sobre esto.

PD. Creo que es un bono extra el que no pueda decir Tumblr sin balbucear al final.
PD2. Por ahora solo cuenta con imágenes que me gustan, de hecho estará conformado por imágenes, tanto mías como ajenas. Tumbrlrlrlr.

viernes, mayo 13, 2011

No Era Una Cebolla

Ana caminaba de un lado para otro frente a la entrada de una casa en los suburbios.

Era una noche de otoño, el viento arrastraba las hojas que se desprendían de los árboles y Ana se paseaba decidiéndose si tocar o darse la media vuelta y marcharse para siempre, pero el discurso memorizado le rondaba la cabeza. "Tiene que saberlo", se decía, pero por más de media hora no parecía que aquel argumento le fuera suficiente.

Otras noches ya se había conformado con arrojar mangos a la puerta lustrosa y blanca, otras era zapote negro o guayabas demasiado maduras que se hacían puré en aquel jardín. Desde hace bastante tiempo lo hacía que ahora ya era un gran jardín frutal, como si todo estuviese destinado a favorecer al dueño de la casa. O tal vez sólo debería cambiar las frutas por piedras.

Las luces dentro de la casa se comenzaron a apagar. Aquello exaspero a Ana tanto que le dio valor para acercarse y tocar el timbre manteniendolo presionado hasta que la puerta se abrió de golpe.

Él era diferente. No había sonrisa amable, su piel mostraba arrugas, el color de los ojos estaba apagado y un rostro cansado y fastidiado la miró con desconcierto mientras Ana se alegraba de verlo confundido y sorprendido. Sin darle tiempo a evasivas, excusas o reclamos ella habló soltando su discurso memorizado sin detenerse si quiera a respirar más de dos segundos por cada minuto.

"Alex, tanto tiempo sin verte- comenzó Ana con las manos en jarras- te ves cansado, me atrevería a decir que hasta fastidiado. ¿Qué, la vida de casado no te sentó? Tu que planeabas cada movimiento, ¿creíste que a mi me sorprenderías?, ¿qué una llamada telefónica me sería suficiente para no seguirte? pues ya ves que no es así. No puedes solo tomar el teléfono y despedirte.

>>Bueno, tu lo hiciste, pero no significa que así se hagan las cosas. No cambiemos de tema. Me abriste y ahora me escucharás. No, no me interrumpas, me he ganado mi derecho de replica, me gané el derecho de reclamarte, porque gracias a mí conociste a la que hoy es tu esposa, gracias a mi conseguiste el empleo mejor pagado y gracias a mí ahora puedes tener fruta al alcance de tu mano y a cambio me arrebataste lo que tenía, convertiste a mi mejor amiga en tu esposa, me quedé sin ascenso esperando a que me ayudaras en un futuro, me quedé con tu pez muerto en la pecera y una gran deuda con la frutera.

>>¡Una llamada!, ¡Una mísera llamada! Pensé que significaba más para ti, me equivoqué, sentí igual cuando pensé que me había ganado la lotería y confundía una "I" con un "1", o cuando confundí el cilantro con el perejil, ¿es mi culpa que todo se parezca?, ¿es mi culpa que haya sinónimos de todo en el mundo?, ¿es mi culpa ver homónimos del inglés al español en cada texto?

>>Destruiste mis ilusiones. Es como si hubieras absorbido mis anhelos para plantarlos en tu jardín, o quizá yo las arrojé en el tuyo, éso no importa, el punto es que confíe en ti y tu me llamaste y dijiste lo que más me ha hecho llorar: "Las cebollas se exportarán pa´l extranjero, me tengo que ir" y colgaste. Al principio me emocioné cuando vi el negocio expandirse, pero luego comprendí que yo no entraba en el futuro de las cebollas ni en el tuyo y tu no volviste a llamar.

>>Cuando fui a buscar consuelo con Maria la encontré haciendo las maletas y me dijo: "Mi apá va a exportar ajos pa´l extranjero, yo voy a administrar el negocio allá", de nuevo y por segunda vez entendí que yo no entraba en el futuro de los ajos, lo mio era algo más frutal y menos apestoso y no me equivoqué, pues tu rostro dice que tu vida apesta y no son ni los ajos ni las cebollas.

>>Me dolió mucho ya no encontrarte en tu casa, me dolió ya no encontrar mi futuro y me dolió el trasero por quedarme sentada en el piso llorando tu partida. No importa, ahora ya no, ahora sólo me resta decirte que me alegro de verte mal, Alex, me burlo de tu expresión de tortura, tu expresión de sorpresa. Creíste que no sabría cuán desgraciado eres, pero cómo no saberlo con la cara acabada que traes, cómo no saberlo cuando oigo los gritos de tu esposa como urraca vieja desde el segundo piso. Te conozco mejor que tu mismo. 

>>No hace falta que me digas nada. No te preocupes, no volveré. Ya no es tiempo de mangos así que no tiene caso volver. No te diré a dónde voy, así no irás a arrojar tus cebollas a mi jardín.

Ana guardó silencio sintiéndose liberada por haber sacado todo lo que en años había guardado en su interior. Saboreo el rostro contrariado de aquel hombre que ahora le parecía un tanto desconocido, pero cuando estaba a punto de irse él le dijo:

-Lo siento señorita, pero mi nombre no es Alex, yo ni siquiera la conozco- y cerró la puerta.

Ana miró la puerta con el ceño fruncido y labios apretados. Agregó antes de darse media vuelta: Claro, también se me olvidaba que te fuiste y no me dijiste a dónde. Cretino.

lunes, enero 17, 2011

El Hambriento

Este fin de semana tuvo un resultado interesante.

Me encontraba la mañana del sábado tratando de develar mi falta de sentido común para mis hábitos alimenticios. ¿A quién se le ocurre programar un desayuno a las doce del día con una persona cuya puntualidad no figura entre sus muchos talentos? Pues a mí, claro.

Si a la impuntualidad le agregamos que mis instintos me hacen despertar en el momento en que un molesto rayo de sol matinal se filtra por la ventana (hablo de más o menos de 7:30 a 8:00 de la madrugada) pues como que no me hace muy lista eso de programar mi desayuno a una hora en que ya no es desayuno. A las doce del día mi estomago requería un alimento más sustancial aparte de mi cereal mañanero.

Para distraerme lo que fueron después tres horas de retraso de mi hermana me puse a ver qué me ofrecían los blogueros, me encontré con una convocatoria muy interesante en la cual no había pensado realmente, pero el hambre me ayuda a entrar en un estado alucinado por lo que en mi cabeza se empezaron a formar varios bocetos y como mis únicas opciones eran escribir esas ideas o empezar a mordisquear mi brazo, empecé con lo primero sin olvidarme por completo de lo segundo.

La convocatoria es sobre Poe y su próximo cumpleaños este 19 de enero. 

Antes de leer mi poema, obviamente inspirado por el de El Cuervo deben comprender que en verdad me moría de hambre y para apreciarla en todo su esplendor deben de estar familiarizados con el original el cual pueden leer aquí si es que han sufrido un derrame cerebral y no lo han leído con anterioridad o si ya ha pasado largo tiempo desde su ultima lectura.

Como sea, redobles por favor:

El Hambriento

Una vez, al filo de una aburrida noche,
mientras solo y sobrio alucinaba,
inclinado sobre un grueso e incomodo libro de pasta gruesa,
cabeceando, casi babeando,
oyóse un súbito y fuerte golpe,
como si suavemente derribaran,
derribaran la puerta de mi cuarto.
Es - dije gritando- ¡Es la una de la mañana!
Así empezó todo... y lo demás.

¡Ah! Aquel mal recuerdo de un miserable diciembre.
Envases de botellas vacías esparcidas por el piso
ansioso deseaba una de vino llena,
rogando a los analgésicos dieran tregua a mi dolor,
dolor estomacal por la pérdida de la cena
la única y abundante comida.
Aquí solo me quedé sin comer nada más.

Y el gruñir vago, triste, fuerte de mis intestinos
me llenaban la mente de abundantes maldiciones.
Y ahora aquí, en pie, acallando el gruñir de mi estomago
repito: "es el repartidor, la puerta de mi cuarto queriendo derribar,
algún repartidor de pizzas que llega 30 minutos tarde y quiere cobrar.
Eso es cinismo y nada más"

Ahora mi estomago reclamaba alimento y ya sin titubeos:
"Repartidor- grité-, repartidor en verdad tu paciencia imploro,
más el caso es que tan tarde viniste a tocar,
más bien, a derribar la puerta de mi cuarto
que apenas puedo creer mi puerta intacta"
Y entonces abrí la puerta:
"¡Silencio!" gritó mi vecina y todos los demás.

Espiando por el visor de la puerta permanecí largo rato,
esperando, injuriando, maldiciendo al mortal que osó bromear,
más el perro de enfrente comenzó a ladrar y ni cómo hacerlo callar
y tan solo se me ocurrió que mi hambre me hacia alucinar.
"¿Repartidor?" pregunté en un susurro y el perro devolvió un aullar.
¡Estoy hambriento y el perro me ladra, además!

Volví a mi cuarto, mi hambre toda, toda mi hambre creciendo dentro de mí
no tardé en oír tocar de nuevo con mayor fuerza.
Ciertamente- me dije- ciertamente alguien esta jugando cerca de mi ventana.
Dejad pues que vea quién es el que juega allí, y así pueda retorcerle el cuello.
Dejad que a mi se acerque el embustero y así pueda retorcerle el cuello.
Esto advierto y nada más.

De un golpe abrí la puerta y con suave aroma a queso
entró un gran repartidor de los altos y fornidos,
sin asomos de arrepentimiento y con un semblante fiero,
y con aires de gran señor o más bien, de luchador
fue a pararse en la entrada, en la entrada junto a la puerta.
Esto hizo sin decir algo más.

Entonces este repartidor cambió mis injurias por una sonrisa
con su grave y severo semblante del aspecto en que se revestía.
Aún con tu semblante atemorizante -le dije- no me asustarías
repartidor fuerte y amedrentador, no me amenazarías.
¡Dime ¿qué es lo que argumentarías?!
Y el repartidor dijo: Si te lo dijera ¿inmediatamente me pagarías?
Esto dijo y nada más.

Cuánto me asombró que repartidor tan desmesurado
pudiera reclamar inmediatamente su pago,
aunque poco significaba su exigencia, poco pertinente era
pues no podemos sino concordar que ningún ser humano debe ser estafado
con la exigencia de un pago, un pago que no ha sido ganado
por el repartidor junto a la puerta parado.
No señor, ¡Jamás!

Más el repartidor parado, inmóvil, sereno junto a la puerta
había requerido que en el acto pagara la cuenta.
Nada más dijo entonces, no me daba ni la pizza
y entonces me dije apenas murmurando:
"Otros se han retrasado antes, tal vez me dará una escusa"
Luego el repartidor dijo: Son ciento veinte nada más.

Sobrecogido al romper el silencio tan impertinentes palabras
sin duda- pensé-, sin duda piensa que le voy a pagar. Su aspecto capaz de asustar
debe ser su única arma, solo un semblante adquirido,
no puede ser amenaza en más de un sentido,
es solo un "niño bonito" y no más.

Más el repartidor arrancó de mis deducciones una sonrisa.
Me senté en el viejo sofá frente al repartidor, la puerta y la pizza
y entonces hundiéndome en un hueco del sofá
empecé a pensar en alguna solución en particular,
en alguna excusa que hiciera a este repartidor retrasar
mientras mi hambre aumentaba cada vez más.

En esto pensaba, sentado sin decir palabra frente al repartidor
cuyos ojos me taladraban como si lo hubiese ofendido.
Esto y más pensaba con la cabeza inclinada
mientras solo la televisión se escuchaba.
Mi cena tendría que esperar, ¡Hay! un poco más.

Entonces me pareció que el hombre se impacientaba,
y se acomodó en una posición que amenazaba.
¡Miserable- dije-, tu jefe te ha conferido una entrega.
Una entrega por teléfono solicitada!
Apura, oh apura tus futuras entregas.
Y el repartidor dijo: Supongo que de propina ni un peso más.

¡Profeta -exclamé-, repartidor impuntual!
Profeta si es que no te funciona pizzas entregar.
Por la rapidez del cocinero del que dependemos tu y yo
dime si algo te ha hecho retrasar. Dime, dime, te lo imploro.
Y el repartidor dijo: Fueron solo cuarenta minutos, nada más.

¡Profeta -exclamé- considera otra carrera!
Repartidor ¡No!, seas puntual o impuntual,
por ese aroma que se extiende sobre nosotros
dile a esta alma hambrienta si el ingrediente principal
es anchoas lo que alcanzo a olfatear.
Y el repartidor dijo: Págala o no lo sabrás jamás.

Sean pues esas palabras tu señal de partida
-le grité más que furioso- ¡Vuelve a la pizzería!
No dejes pizza alguna que ha de estar ya fría.
Deja mi hambre intacta. Abandona de mi cuarto la entrada.
Aparta el aroma a queso y la cátsup como aderezo.
Y el repartidor dijo: Usted no cenará otra cosa más.

Y mi cena nunca llegó. Aún sigo esperando una pizza,
una pizza sobre el mantel de la mesa de mi cuarto.
Y los gruñidos que de mi estomago escapan
tienen la semejanza de un demonio contenido.
Y el olor a queso que por la habitación se respira
mi estomago no podrá ignorar por mucho tiempo más.

PD1. Es precisamente por lo anterior por lo que es considerado el desayuno la comida más importante del día, de lo contrario pueden tener resultados similares.

PD2. Si tres horas de retraso no eran suficientes, le agregué una más por no localizar el restaurante de comida china. ¿Nunca se han preguntado si las calles del centro histórico cambian de ubicación? Yo lo empiezo a sospechar.

PD3. La cara de Poe en la imagen es la que pondría si leyera lo que he hecho con su poema.

martes, septiembre 21, 2010

Qué Cansado


Qué cansado es tener que huir del país de los sueños para evadirte.
Qué cansado es tener que aguantarme las ganas de taparme los oídos para no escucharte.
Qué cansado es tener que disimular ojeras cada mañana.
Qué cansado es mantener una sonrisa falsa.
Qué cansado es dejar de escuchar mis canciones favoritas.
Qué cansado es tragar el nudo en mi garganta cada momento.
Qué cansado es escribir palabras que nunca leerás.
Qué cansado es ignorar un dolor que mata.
Qué cansado es mostrarme fuerte.
Qué cansado es mostrarme indiferente.
Qué cansado es desviar siempre la mirada.
Qué cansado es mantener mi día ocupado.
Qué cansado es luchar contra la depresión.
Qué cansado es pensar en ti cada día.
Qué cansado es tratar de desaparecerte sin olvidarte.
Qué cansado es añorarte.
Qué cansado es extrañarte.

Ojalá algún día pudiera olvidarte.

domingo, agosto 15, 2010

Inesperado

Pensaba narrarles los dolores de cabeza que provoca el no tomar café, o que terminé celebrando un cumpleaños olvidado o que justamente hace año estaba tan ebria que terminé haciendo frente a todos lo que normalmente hago sola en la intimidad de mi cuarto, pero en lugar de eso les voy a narrar un cuento.


No era la primera vez que sostenía una conversación parecida, por lo cual ya tenía las respuestas y reacciones programadas, listas para decirlas en los momentos precisos. También estaba preparada para escuchar las críticas y reprimendas que recibiría. Incluso a su mente ya venía la típica frase "No es para tanto", pues le parecía una verdadera exageración absurda tratar ese ligero tema.

"La lluvia no es un mortal ácido, simplemente es agua"

Ésa era la única contestación que en verdad quería decir en voz alta, pero la educación y los buenos modales la detenían. Una parte de ella le decía que no era prudente decirla.

Tomó aire y esperó a que aquella conversación terminará de una vez por todas. Simplemente quería regresar a su escritorio y terminar la lectura en turno.

-Te vi salir en medio de la lluvia- decía su jefe mirandola a los ojos. Siempre lo hacía- ¿Te mojaste mucho?

-No- contestó ella con desgana.

-¿Traes paraguas hoy?- insistió con voz amable.

-No, no me gustan- contestó ella. Esperaba la crítica o la reprimenda y el sabio consejo de "deberías traer uno", pero no estaba preparada para lo siguiente.

-Te gusta la lluvia.

No fue pregunta, fue la afirmación de un hecho. Ella se quedo contemplando aquellos ojos claros que la miraban, no con crítica o pensando que era insensata. No había en esos ojos nada más que comprensión y tal vez algo de fascinación, por lo que ella se limitó a asentir.

Por primera vez se sintió observada por él y es que siendo sinceros, muy pocos logran percatarse de cosas tan sencillas como el simple gusto de caminar bajo la lluvia, sin prisas, sin tratar de protegerse; muy pocos sólo ven a la chica rara que no se comporta como los demás; muy pocos son capaces de percatarse de que a ella le gusta el agua en su piel, la sensación de frescura, la sensación de que por un momento puede sentirse como una persona diferente al resto del mundo.

Tardó varios minutos antes de dirigirse a su escritorio y tomar su libro con una sonrisa en el rostro, contenta de que alguien la hubiera dejado sin palabras.


jueves, junio 24, 2010

Controlando lo Inevitable

La habitación oscura, no había nada de mobiliario a excepción de una silla debajo de una bombilla de bajo voltaje que apenas la alumbraba. En la silla un hombre medio consiente y muy ebrio que escuchaba en silencio los ruidos de la ciudad que se filtraban por la ventana detrás de él y sintiendo el azote de un viento de media noche.

A veces murmuraba pensamientos incompletos e incoherentes, otras tantas sonreía  quedo moviendo ligeramente su cuerpo. Su nariz sangraba levemente al igual que su labio inferior, pero gracias a los efectos del alcohol no era consiente de la molestia, y minutos después cayó en la inconsciencia.

Al abrir los ojos y tratar de enderezarse notó un dolor agudo en el cuello debido a la postura en que había estado. Ahora más cuerdo, miraba alrededor lentamente y tuvo la sensación de deja-, la misma oscuridad, la misma bombilla, los mismos sonidos de la ciudad que entraban por la ventana sin cristal y con una cortina bastante roída. En la habitación escuchó los sonidos propios de una casa abandonada, ruidos de cañería, roedores correteando por sus pies y entre toda la inmundicia de olores, se percató de un perfume dulce y penetrante, y no fue hasta que su vista se acostumbro un poco a la oscuridad que se percató de un par de ojos tan brillantes como los de un felino, pero no tan redondos.

-¿Quién está ahí?- preguntó a voz de grito que fue ahogado debido a lo grave que salió de su garganta.

Un eco suave le devolvió la pregunta y perdió de vista esos ojos, que al final, pensó podrían ser de algún gato.

La sed le carcomía la garganta y comenzó a luchar inútilmente contra sus ataduras, fue entonces cuando intentó recordar cómo es que había llegado a aquella situación. Al principio acudieron imágenes revueltas y confusas mezcladas con el deseo desesperante de agua, de moverse, de salir a darse un baño debido a que había desahogado sus necesidades en la misma silla. "Soy yo el que huele a mierda" Concluyó.

-Si- resonó una voz lejana, como si el propio eco contestara a la conclusión de sus pensamientos, pero fue tan bajo que después de un momento de silencio, creyó haberlo imaginado.

Intentó mover la silla y cambiar de lugar, pero era demasiado grande y pesada, y corría el riesgo de caer al suelo.

Recuerda- se exigió, como hombre cabal que siempre ha sido- piensa cómo carajos llegaste aquí. Piensa cómo vas a salir de aquí.

Entonces la primera imagen llegó:
Estaba atardeciendo. Con un traje muy elegante y caro se giró para cerrar la puerta de su departamento. Silbaba, pero no recordaba el porqué, no era importante. Bajaba las escaleras saludando a los vecinos que le sonreían, escuchando a sus espaldas comentarios alagadores: "Es un buen muchacho, muy responsable", "Pero qué bien parecido es, podría pararme frente a su departamento con sólo una bata a medio abrochar", "Ese es joven e inteligente, va a llegar lejos"

Salió a la acera donde los últimos rayos de un sol otoñal le iluminó el rostro y entró en un automóvil negro.

Lluvia caía fuera de la habitación, el viento era más frío y se percato de su ropa desgarrada. ¿Cuándo fue eso?, se preguntó, por alguna extraña razón, sentía que ese recuerdo era muy viejo, pero prefirió seguirlo ya que era el único que tomaba forma en su mente.

Era un bar, muy elegante. Todos lo miraron entrar; los hombres con cara de admiración y las mujeres con cara de deseo, saludó a un par de personas que extrañamente ahora no recordaba ni sus nombres y se dirigió a la barra, pidió su trago de siempre y lo bebió de un solo movimiento, le quemó la garganta, pero era agradable y de inmediato le sirvieron otro. Una chica lo miraba desde un extremo, la oscuridad cubría la mayoría de su rostro, pero parecía ser bonita. Con un trago extra se dirigió hacía ella. Esa noche no la pasaría solo.

"Un trago", resonó como eco en su cabeza. La boca estaba completamente seca y lo distraía de los recuerdos. Más que otra cosa deseaba un poco de agua, y como si eso hubiera sido invocar sus sentidos corporales, fue consiente de la presión de las cuerdas en sus muñecas, ahora sentía la quemazón y la piel irritada por ellas. Los dolores musculares por permanecer tanto tiempo en ésa posición. ¿Cuánto tiempo he pasado aquí?, murmuró, pero trató de sosegarse, pues podía sentir un leve pánico subirle por la columna. Aún no -se ordenó- Aún no.

De nuevo se encontraba en el automóvil, sonreía y una carcajada ajena le indicó que no iba solo, conducía por una carretera casí desierta y con el radio a todo volumen, tratando de entonar una canción por él conocida.

La casa era vieja, lo había notado, como aquellas que están bajo viejos hechizos, pero ella le sonreía, le coqueteaba hasta que llegaron a la entrada, entonces fue como si hubiera cambiado de acompañante, el rostro ahora era serio y aquella mirada coqueta había cambiado por una hostil.

Después imágenes imposibles, teñidas de rojo sangre se agolparon en su mente. Había sangre, mucha. Sus manos podían sentirla: tibia y pegajosa. ¿Acaso era su sangre?

-No- contestó de nuevo aquel eco y el se quedó quieto abriendo los ojos más allá de lo normal pero el pánico lo había abrazado sin previo aviso y ocasionándole una ceguera parcial, ni siquiera podía ver sus propias manos.

-Por que ya no las tienes- dijo aquella voz casí al oído.

Fue como si hubieran encendido las luces: Vendas blancas envolvían los extremos de sus brazos con manchas sanguinolientas. Su respiración comenzó a alterarse, lágrimas escurrían por sus ojos quitándole visión.

Entonces apareció un espejo frente a él, se miró en la silla, su aspecto horrorozo y sucio, donde las vendas blancas resaltaban su actual pérdida, pero algo andaba mal, su reflejo le sonreía y entonces comprendió todo.

-¿Hasta cuándo?- preguntó con una sonrisa amarga, de pronto el pánico despareció y el desprecio ocupó su lugar.

-Siempre- contestó su reflejo, con la misma sonrisa- cada noche, todas las noches. Hasta que no puedas recordar nada, hasta que quedes por siempre en esta silla, como ella y como yo.

De la nada apareció la chica del bar a su lado con un aspecto demasiado lúgubre que a él sólo le ocasionó una sonrisa burlona.

-Entonces nos veremos mañana- dijo mirando a su reflejo y tomando impulso se arrojó al piso.

Luz entraba por un gran ventanal, era de día y respiró tranquilo al verse en su departamento. Tomó el reloj: cuatro de la tarde. Tenía una cita, no recordaba con quién, pero se alistó para ella saliendo del departamento a las siete en punto. Sonreía, una vez más le había ganado al pasado y sintiéndose dueño de un poder infinito comenzó a silbar, se cruzó con algunos vecinos y les sonrió como siempre lo hacía, faltaba poco para salir cuando escuchó el final de algunos comentarios: "... joven e inteligente, va a llegar lejos"

Se detuvo de inmediato, pero no por mucho tiempo, sus pies cobraron voluntad propia, incluso el silbido no pudo detenerlo, salió a la acera donde ya había visto el sol otoñal que lo iluminaba y subió al automóvil. Sólo sus ojos mostraban el pánico que le inundaba por dentro.

PD. Para no olvidar que aveces escribo no sólo de mí.

viernes, mayo 21, 2010

Un café...VIII

NOTA: leer con la primer canción de "Escucha los vientos"

Café Libre



Las luces dieron forma al entorno lentamente. Todo de tinte rojo, para mi, color de la libertad y de la felicidad.

It´s a new down
it´s a new day
it´s a new life...

Las notas me sedujeron igual que su vestido color carmín.

...for me.

Iba a liberarme de la tentación de una vez por todas, era el momento idóneo para hacerlo, comenzar con una nueva vida, y este iba a ser el día.

Llegué al café y ella tan hermosa como siempre, provocándome.

The old world
is a new world
for me.

La canción seguía sonando en mis oídos, ni siquiera fui consciente del sonido de su voz. Era sorprendente que ahora ya no me fuera tan importante como creía. hasta tuve la tentación de marcharme, pero sus movimientos eran tan perfectos que sabía que tarde o temprano caería en su trampa.

No, si en verdad quería librarme de ella, tenía que ponerle un fin definitivo, ésa era la única manera de ser libre de verdad.

La noche cayó y la música de fondo me sugirió tomarla de la mano, acercarme a su cuerpo por última vez y movernos suavemente al compás de la música.

The freedom is mine
and you know how i feel.

Ella hablaba, pero la letra de la canción seguía en mi mente, por lo que me limitaba a leer sus labios rojos y sus expresiones hasta que hubo llegado el momento de despedirnos, decir Adiós.

Aquella sonrisa en sus labios carnosos era tan sensual que me atreví a besarlos sin que ella se resistiera. Tal vez sabía que era el final y al igual que yo, quería tener un buen recuerdo.

Salimos y ella me dio la espalda. el vestido rojo dibujaba su figura a la perfección. Una sola detonación fue suficiente.

La sostuve entre mis brazos hasta que sus ojos se apagaron, al mismo tiempo, la canción concluía en mi cabeza:

Free than you...
Feeling good.

domingo, mayo 16, 2010

Why So Serious?

¿Cuál era la respuesta correcta?, vaya si hubiera visto más veces la película tal vez la recordaría.

Movía la navaja de un lado para otro mientras no podía apartar la vista de las cicatrices que pronto tendríamos en común, pero ¡rayos! ¿tiene que ser a fuerzas sonrisa?, porque la verdad me queda más la identidad de mimo, así quizá sólo sea necesario arrancarme la lengua.

Comenzó a narrar la historia del origen de sus propias cicatrices. Debo de confesar que la primer historia que oí de sus labios en verdad me impresionó y conmovió. Creí que era cierta.

Lo bueno de escucharlo es que cada historia bien podría ser verdad y cada palabra esta impresa de crueldad que hace a uno imaginarse la escena. ¿Cuál de todas las que ha contado es verdad?, a mi opinión me gustó la primera en especial, la del padre ebrio; tenía todo el tinte de realidad dentro de una historia que es fantasiosa.

Ya había concluido, y de no haberme distraído por lo anterior la hubiera escuchado, todas sus palabras eran dignas de escucharse, porque para ser un villano, era de la clase que me agradan, porque la maldad no debe ser seducida por fines diferentes a los reflejados en las acciones, aquí no hay cabidas para Robín Hood o Severus Snape, no, aquí el malvado es sanguinario sin límites como lo puede ser un héroe en cuanto a su bondad.

Me toma de la mandíbula y empieza a probar por diferentes ángulos. Le hago la sugerencia de lo del mimo, pero para él carece de sentido, lo suyo es la expresión simple, sin paradojas ni mensajes ocultos, con él lo que ves es lo que hay y eso es bueno, es simple.

Acerca la navaja a mi rostro y cierro fuertemente los ojos a la espera del dolor, y en el segundo antes del tacto frío del metal me preguntó cuál será el camino a seguir en adelante, ¿el de un villano, el de un chalan?

¡Maldición!, hubiera preferido el gesto del mimo, inexpresivo. Ahora me miró en el espejo con las marcas, la navaja en mi mano y veo que la figura amenazante era mi reflejo en el espejo. Me gusta ser simple. Ahora a hacer las audiciones para la secuela.

jueves, mayo 13, 2010

Un Café... VII

Dos Cafés


Támara aún lo recordaba: Alan, el callado e introvertido Alan. Una sola taza de café había bastado para amarlo y una mas para aborrecerlo.

Le hubiera perdonado todo. Pensaba ella, aunque tenía límites bien definidos, límites que Alan, sin conocerlos, había sobrepasado uno por uno, como si siguiera una lista pegada en el refrigerador. Al final, creo que lo hizo a propósito. Concluyó, después de varías noches en que el sueño había huido de ella a causa de Alan.

Y ahí se encontraba, después de un año exacto. ¿Qué es esto?, ¿un aniversario?, se preguntó al entrar a la cafetería, pero se ignoró y pidió su acostumbrado café negro.

Alguien ocupó el lugar a su derecha en la barra, y no necesitó girarse para saber el nombre de su ocupante.

-¿Celebrando algo?- preguntó Alan.

-Nada importante- contestó Támara.

-Te buscaba.

-Y al parecer me encontraste.

-Sabes lo que quiero- dijo Alan sin miramientos y sin rodeos, como era su costumbre.

-Y tú sabes lo que ya no quiero- repuso Támara.

-No quiero olvidarte...

-No lo hagas- interrumpió Támara, pero Alan prosiguió como si ella no hubiese hablado.

-Cada mañana tu rostro ocupaba mi mente, y lo mismo al caer la noche, pero desde hace dos días que ya no pienso en ti.

-Considerate afortunado.

-No pienso de ése modo, como dije no quiero olvidarte; si lo hago me veré forzado a pensar en alguien o algo más, y la verdad es que me gusta pensar en ti.

Ambos se miraron mientras Támara hablaba.

-Alan, lo intentamos y no funcionó. Es que tu y yo somos tan diferentes que en comparación, el agua y el aceite parecen siameses.

-Supongo que tienes razón- concluyó Alan después de un momento- sería una pérdida de tiempo.

Ambos desviaron la vista hacia el frente y al mismo tiempo, tomaron su café, lo bebieron y depositarón la taza sobre la barra, permaneciendo quietos hasta que Támara de levantó.

-Me mudaré por la tarde, pero quiero la repisa de arriba del estante del baño- dijo Támara.

-Bien, llegaré a tiempo para cenar.

Y ambos salieron tomados de la mano.

viernes, abril 30, 2010

Un café... VI

Un Café Complicado
-Un mocaccino, un americano con crema, un latte y un frapuccino, por favor.

-Para llevar ¿verdad?- preguntó la chica con una sonrisa pícara.

-Claro que no- contesté.

Creo que fuiste grosero.

-Cierra la boca- murmuré.

-¿Decía algo?- preguntó la chica mirándome confundida.

-No a usted- contesté, ¿por qué hacía preguntas tan estúpidas?

Miró a mí alrededor y sin más se encogió de hombros disponiéndose a despachar mi orden.

No son preguntas estúpidas.

Yo pienso que sí lo fueron, nadie dijo su nombre para que prestara oídos a conversaciones que no le atañen.

Sólo se confundió, no era motivo para que Ronald le contestará así.

-Lo siento si fui mal educado, pero no soporto las intromisiones.

-¿Tiene algún problema?- preguntó la chica volviendo a intervenir en nuestra conversación.

-No linda- la tranquilice, pues creo que se sentía ofendida-, no lo decía por usted.

De nuevo esa mirada extraña en su rostro y con rostro confundido me dio la orden y procedí a ocupar una mesa repartiendo los cafés para mis acompañantes.

Sirven muy buen café aquí.

Sí, estoy de acuerdo, de ahora en adelante tenemos que venir diario.

-Me agradaría más la idea si alguno de ustedes se dignara a pagar la cuenta de vez en cuando.

Hombre, sólo tenías que pedirlo, pásame la cartera y yo pagaré esta vez.

-Sí, eres muy gracioso, por qué no de vez en cuando hablan en serio.

-¿Me hablaba?- preguntó un señor que pasaba cerca de nuestra mesa.

-No caballero- contesté tratando de ser cortés, debido a que Ronald se molestaba si era grosero. El hombre me miró extrañado y se marchó.

Esa sí que fue una pregunta estúpida.

¿Se dan cuenta de que a nuestro alrededor siempre hay entrometidos?, es como si fuéramos un gran imán para esa clase de personas.

-A decir verdad si lo he notado, pero a veces me aburro en casa, y últimamente Ronald la ocupa en su mayoría.

Sé a qué te refieres, fue una suerte que no viniera, siento que a veces hasta lo veo en mi propio reflejo.

Eso es porque pasamos demasiado tiempo con él, deberíamos salir más a menudo sin él.

Deberíamos mudarnos de casa.

-Estoy de acuerdo, un departamento sería una muy buena opción.

Ronald, por favor, di cosas sensatas, bien sabes que no nos dejará marchar.

Ronald tiene razón, sin nosotros Ronald no es nada.

Claro que sí, te aseguro que si lo abandonamos le daría por hablar solo.

-De eso no me cabe duda. Ronald, me pasas la azúcar, por favor.

-Disculpe, ¿me está hablando?- preguntó una joven de la mesa de enfrente.

-No señorita, le hablaba a mi acompañante- contesté secamente.

-Si, claro, al hombre invisible que viene con usted- dijo burlonamente.

¿Pero cuál es su problema?

Uno muy grave, creo que debería ir con un oculista urgentemente.

Tenemos que apresurarnos, Ronald tiene que ir a una conferencia, y si no le recordamos seguro que se le olvida.

Me gustaría que Ronald se comprara una agenda.

-Nunca lo hará, le gusta que estemos tras él, eso lo hace sentirse importante.

Claro, es obvio, aunque a veces se comporte como si fuéramos sólo voces en su cabeza.

No lo tomes tan apecho.

-Yo creo que debería de reconsiderar sus modales, porque les aseguro que otro arrebato como el de hoy en la mañana y definitivamente buscaré otro lugar para vivir.

Creo que es momento de que hablemos con él, en la casa ya no hay más habitaciones, eso ya parece una vecindad

Es cierto, dos noches me vi durmiendo en el sofá porque todas las habitaciones estaban ocupadas.

-Los comprendo, un día tuve que compartir recamara con Ronald, pues en el sofá estaba Ronald, y el muy desconsiderado hablaba en sueños, ¿saben qué pienso?, creo que está enloqueciendo.

Hay que considerar cierta esa teoría, jamás habíamos sido tantos en la casa.

Sigue inventando excusas para que aceptemos a los nuevos.

-Y el nuevo inquilino es una pesadilla, el infeliz se acabó el agua caliente, tuve que bañarme con agua fría.

Y ni qué decir de su comportamiento tan extraño.

No recuerdo su nombre.

-Se llama Ronald, me agrada su nombre, pero él es alguien muy complicado.

Ronald, apresúrate con ese americano, ya tenemos que irnos o no alcanzaremos a Ronald antes de que se le olviden las diapositivas para la junta, creo que no sabe que las dejó en la cocina.

Así que tuve que apresurar mi café, no sin percatarme de que todos nos miraban intensamente, supuse que era porque Ronald no se había rasurado.