Por lo regular no me gusta hacer ejercicio. Eso de moverte con el solo y firme propósito de mantenerte saludable no es una razón suficiente para que lo haga, además de que conociéndome, me encuentro más a salvo si me estoy quieta que en movimiento, de hecho creo que le hago un favor al mundo: Si me muero de un ataque cardíaco hay menos probabilidades de que arrastre a alguien conmigo que si me dispongo a correr en algún parque que podría estar concurrido por personas sin seguro médico.
No es mi culpa que me hayan dado un cuerpo mortal, nadie pidió mi opinión. Yo quería un traje elegante, como el de los pingüinos. Siempre presentables, siempre en el frío.
Solo piénsalo un minuto: Deslizarte sobre tu panza en la nieve como medio de transporte. Siempre presentable, nada de eso de planchar ropa, de que te ensucies con la sopa o mostaza en lugares públicos, poder tener amigos del tamaño se osos polares (algunos van a decir que sería imposible porque no habitan en el mismo polo, pero yo digo que es mi fantasía y punto), montarlos y escapar con la brújula dorada. O no.Viviría vendiendo nieves de sabores, saldría a pescar junto a Marlo (un amigo foca, algún día se los presentaría) y los fines de semana sería cazadora a sueldo de los traficantes de pieles de foca, algo al estilo de James Bond, digo, el traje ya lo tendría.
Imágina, poder llamar a tu pareja "pichón" sin caer en lo cursi, nadar la mayor parte de tu vida; ser ave y vivir como pez, pero todo lo anterior no es importante, lo primordial es que se camina de la forma más graciosamente posible, simplemente esa característica haría que valiera la pena vivir en un mundo en blanco y negro. Literalmente.
Así que de grande quiero ser un pingüino.
Wait! Hay café en el Polo Sur ¿Cierto? Porque si no entonces no funcionaría.



